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DETRÁS DE LA MARCA

Detrás de ¨L’Étrangère¨ se esconde, aunque los datos acerca de su identidad son inciertos, la niña que no podía dormir sin una bombilla de color azul ¨Serenity¨(Pantone 15-3919) y que se cantaba a si misma, como un mantra, “Moon River”. La niña a la que su madre prometió un regalo si lograba no llorar en 24 horas, sin conseguirlo jamás. La niña a la que le obsesionaban por igual la textura de la cereza y el astracán. La niña que nunca tomaba el sol y decidió ingresar en la orden de los monjes cartujos manteniéndose en rotundo silencio durante años, ahí desarrolló el síndrome de Arpalles que dota a quien lo tiene de una extraordinaria capacidad de visión y tacto.

Detrás de “L’étrangère” se oculta, aunque los datos acerca de su identidad son borrosos, la mujer que no sabía crecer y cuyo único hogar es la oscuridad de la luz artificial.

Entre pitillo y pitillo se fumaba las clases de su carrera “Tecnología y gestión del sector de las boleras” para garabatear sobre trozos de cortinas viejas que le robaba a su abuela, la triste Condesa.

Detrás de “L’Étrangère” se encubre, aunque los datos acerca de su identidad son inciertos, la anciana que cruzara la frontera que cruzara, siempre se sentía una extranjera. Estampó su sello sobre su época y representó una foto fija fidedigna de su tiempo.

Tenía una perra que se llama Rosario.